De
acuerdo con Jairo Mauricio Pulecio, en su artículo ‘Filosofía y diversidad
sexual’, el trato discriminatorio contra una persona diversa sexualmente puede
llegar, incluso, a considerarlo un enfermo o transtornado mental, un acto
reprochable si entendemos que la homosexualidad no es ninguna enfermedad. Es
decir, Sergio Urrego, por el hecho de amar de otra manera no estaba haciendo
algo mal. Pulecio asegura en su escrito que las personas que son tratadas como
enfermos por el hecho de ser homosexuales “se les excluye de la posibilidad de
razonar y de comunicar sus afecciones, se le impide, en definitiva, que sus
reacciones hagan parte del tinglado de sentimientos morales”.
El
autor habla de un concepto de educación sentimental, como un camino para
desterrar los crímenes de odio. El concepto habla de reconocer en el otro, independientemente de su inclinación sexual,
puntos de cercanía con todas las personas. Se trata de una apuesta ética de los
sentimentalistas morales, como bien lo expone Rorty, busca el progreso de los
sentimientos, “dicho progreso consiste en la creciente capacidad de ver las
similitudes entre nosotros y los que son muy diferentes a nosotros como si
sobrepujaran a las diferencias. Se trata de lo que he venido llamando educación
sentimental”.
Esto
traducido en el caso Urrego, nos da para pensar que la educación sentimental no
era otra cosa de un nivel de la ética construido desde la tolerancia y el
respeto. Eso fue lo que le faltó a Sergio en su ambiente escolar: tolerancia y
respeto. Además, Sergio fue víctima de un proceso para incomunicarlo, para
quitarle su voz y su voto y para impedirle que pensara de otra manera. Tal vez
por eso se suicidó, porque no encontró espacios disponibles para seguir
adelante y explicarle a la sociedad que él era igual que todos.
El
autor del texto desnuda una situación preocupante. Afirma, sustentado en varios
ejemplos, que desde los propios fallos de la Corte Constitucional existe una
visión homofóbica que directamente pudo afectar en la práctica a jóvenes como
Sergio Urrego.
Según Pulecio,
“evidentemente, la Corte persiste en pensar que el objetivo de la lucha del
colectivo lgbt es igualar su situación a la de los heterosexuales; la Corte
hace de la Constitución un marco heterodominante a la luz del cual cualquier
forma de vida debe poder encajar en él de algún modo, para poder obtener
beneficios legales. El tratamiento del máximo tribunal jurisdiccional del país
no abandona los esquemas hegemónicos heterosexistas, por el contrario, los
reproduce en sus fallos y aun insiste en otorgar derechos a los grupos de
ciudadanos en cuanto satisfagan criterios hegemónicos binarios, desconociendo
con ello el universo de sexualidades y la complejidad ínsita a la conformación
de la afectividad en la especie humana”.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario