Sergio Urrego, aquel muchacho inteligente y rebelde demostró siempre una
cierta resistencia a la autoridad y a la dominación como formas para acabar la
individualidad y las ideas. Lo suyo era el libre pensamiento y la anarquía. De
hecho, era miembro de un movimiento que rechazaba el establecimiento propagaba
la libertad sobre encima de todo.
Pero lo que no sabía el joven estudiante, era que sin darse cuenta iba a
ser víctima de aquello que criticaba con fuerza. La globalización lo tocó
directamente. Como lo afirma Liliana Pérez Mendoza en su artículo ‘Autonomía,
solidaridad y reconocimiento intersubjetivo’, la complejidad del contexto
globalizado causa exclusión y marginación. Es decir que Sergio fue el resultado
de un proceso de globalización que en su caso incluyó discriminación. Bien lo
escribió Pérez Mendoza al decir que con la globalización se va erigiendo un sujeto aislado, frágil, en
riesgo, con lazos sociales quebrantados o utilizados como mecanismo de
sobrevivencia, pues su lucha es con otros para sobrevivir, y que establece
vínculos "líquidos" con los demás, produciéndose una
desubjetivización y una desintersubjetivización (por llamarlo de algún modo)”.
Sergio fue el producto de una sociedad aislada e indiferente que lo
desconoció por ser un hombre que amaba de forma distinta, pero que amaba. Por
ser homosexual, Urrego era considerado un ser poco ético, Es decir que la ética
paso a ser también discriminatoria y no incluyente. Sergio no fue escuchado ni
en su casa, ni en su colegio ni mucho menos entre sus amigos anarquistas. Su
único medio de escape fueron las redes sociales y las cartas que dejó donde
anunciaba su muerte y confesaba toda su soledad.
La autora asegura que las políticas sociales derivadas de la
globalización forman y crean ‘actores vulnerables’ que llevan durante su vida
categorías que resultan para toda la vida. Y en el caso de Sergio, el ser
homosexual fue su lápida.
De hecho, la autora plantea que la salida hasta situación “es ofrecer
ahora condiciones, es decir, espacios, lugares, experiencias (Autés 2004;
Castel 2004) para ciudadanos reconocidos y valorados legítimamente como sujetos
de derechos y deberes y no como "excluidos", pues también debe ser
responsabilidad de las mismas el tipo de sujetos que producen”.

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