¿Dónde estuvo la ética para evitar la
muerte de Sergio Urrego? ¿Por qué los responsables no han puesto la cara? Estos
y otros interrogantes han quedado tras el suicidio de Sergio Urrego en el 2014.
No podemos hablar solo de la ética enfocada en las buenas acciones y la toma de
decisiones a conciencia. Pero el tema va más allá. Se puede enfocar, incluso,
dentro de la llamada ética del desarrollo, que según el autor Rafael de
Villaroel, “promueve una dinámica socioeconómica fundada en la agencia de los
propios individuos y en la posibilidad efectiva que a ellos se les presente de
vivir la vida que estimen más valiosa, parece evidente que solo una estructura
política participativa podría hacer viable una idea de desarrollo así
concebida. Se asume, al mismo tiempo, que un enfoque ético del desarrollo,
interpretado en la clave de las capacidades humanas (Sen 2000), no piensa en
unos ciudadanos que se ‘desentienden’ de tomar ellos mismos decisiones
políticas y no quieren participar de manera activa en la ciudadanía, sino que
prefieren delegar esa responsabilidad a gente especializada en tomar esas
decisiones, y que de alguna manera los represente”.
Esto quiere decir que tal vez si
hubiera existido una estructura política participativa en su colegio, Sergio no
hubiera tomado esa fatal decisión. Aquí
hubiera sido importante que sus profesores y compañeros de clase le hubieran
abierto caminos de participación a través de una estructura política. Este
aislamiento por parte de las directivas de su colegio logró que Sergio, ante lo
sucedido, se hubiera refugiado en las redes sociales y en cartas de despedida
que escribía con frecuencia. Sergio estuvo aislado del mundo por culpa de una
sociedad sin ética.
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