Es claro entonces que estamos ante un escenario de polarización entre quienes apoyan los valores éticos de tolerancia y respeto hacia la diferencia y entre quienes prefieren los señalamientos y propaganda negra para expresar sus opiniones.
Aquí, en estos juicios morales y éticos entra un interesante jugador: las redes sociales. Desde ellas se ‘disparan’ conceptos y ofensas con alto contenido discriminatorio hacia la mujer o minorías como los transexuales.
La supuesta libertad de opinión que dan las redes es utilizada para atacar a quienes piensan distinto. Los insultos, las bromas pesadas y hasta las amenazan crecen cada día, en un sistema de comunicación que pareciera tierra de nadie. Los mandatarios del más alto nivel las utilizan para cazar peleas y hasta para ‘gobernar’. Los famosos, como tribuna para publicar sus escándalos y autopromocionarse y los cobardes para difamar y discriminar en nombre de religiones y cultos personales.
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